Feb 2, 2018

Adiós 2017.

by Juan Ignacio Gómez-Cuevas

Ha pasado el tiempo y el año 2017 se escapó como estrella fugaz. Pocos días dentro de esta nueva trayectoria del 2018, se vuelven recurrentes los análisis de metas y objetivos. Damos inicio a un escrutinio de logros, fallas y avances a medias tintas. Revisamos la cuenta bancaria, empezamos a planificar la agenda del año que viene (y los subsiguientes) y damos inicio, desde ya, a una nueva programación de actividades futuras. Así transcurre esta tarde, por ejemplo, en la que escribo esta columna. Saturado de actividades pendientes y pensamientos. Si no nos damos cuenta, así continuarán nuestras vidas: condenadas a no vivirlas.

 

¡Ojo! Salvo, por supuesto, que nos aferremos al timón y decidamos cambiar el rumbo.

 

Fijarse metas es una virtud de la persona humana. Cumplir objetivos es una muestra de tenacidad. Andar errático, impulsado por el viento que mejor sople es, sin lugar a dudas, una actitud deliciosa, pero irresponsable. La persona humana es un ser destinado a dejar legado, a marcar una trayectoria y a ser exitoso. La conciencia nos exige dar más de lo pedido, nos empuja a coger los guantes y a pelear con la más grande de las fuerzas. Sin embargo, de esas batallas, podremos perder la vida al ser arrollados por una rutina ajena a la felicidad.

 

Claro está que no podemos abandonar las obligaciones cotidianas y los planes a futuro. Pero sí podemos hacer algo más: vivir. Aunque yo sea amante de la filosofía no recomiendo estudiar a Kant para darle sentido a lo que hacemos. La solución que propongo es mucho más sencilla y, esa solución, deberá convertirse en una meta y un objetivo para todos los años venideros. 

 

Despertarse temprano y sentir el aire frío en el rostro. Disfrutar de un buen café. Admirar los pétalos de una flor. Reunirse con un amigo y tener una conversación añeja. Tener buen sexo sin limitaciones. Amar. Reírse de una broma sencilla. Llorar con una película que nos impresione. Armar un álbum de fotografías. En fin, cualquier cantidad de pequeñas cosas con las que podemos empezar a vivir.

 

Y a eso quería apuntar: a pequeñas cosas, a detalles.

 

En medio de todas las tribulaciones del día a día, a través de las planificaciones futuras y entre todo lo material que tengamos por hacer, vivamos. Vivamos apreciando las cosas pequeñas que, ahorita, parecen insignificantes. Levantemos la vista y gocemos de la forma tan bella en que se mueven las hojas de un árbol. O, sencillamente, demos un suspiro profundo que nos haga sentir el latir de nuestros corazones.

 

Si con algo me despido de este 2017 es con eso: con la certeza de que aprendí a vivir, a sentir y a disfrutar de cada momento que ha pasado.

 

¡El mejor augurio para todos!