Oct 29, 2019

Albertine

Stahl

 by Daniel Beltran

Albertine Stahl es una artista salvadoreña. Stahl inicia su formación en artes en El Salvador en el Centro Nacional de Artes, CENAR, a la edad de trece años. Posteriormente, estudió Bellas Artes, con énfasis en pintura en la Universidad de El Salvador y fue durante este período donde ingresa, en dos ocasiones consecutivas, al programa-beca de formación para artistas emergentes ESPIRA, en Managua, Nicaragua y más adelante obtiene una beca para el programa Visions of Art, en Berlín, Alemania.  

                                                

En 2016 formó parte del grupo salvadoreño de artistas emergentes seleccionados para representar al país en la X Bienal Centroamericana. Desde ese año, forma parte del programa Y.ES Contemporary dirigido por la curadora Claire Bruekel, programa que impulsa a artistas salvadoreños emergentes a nivel internacional. Su obra pertenece a la colección de Espira LA/ESPora en Managua, Nicaragua y colecciones privadas en San Salvador, El Salvador, Ciudad de Panamá, San José, Costa Rica y Colombia. 

 

Albertine está obsesionada con la manera en que construimos imágenes. Considera que son una herramienta sumamente efectiva y poderosa para construir la realidad. Desde los inicios de su formación como artista, se interesó principalmente en aquellas imágenes que definen nuestro entorno y que han sido utilizadas desde tiempos inmemorables como símbolos de estatus y poderío económico: el paisaje y el retrato. Le interesan todas aquellas imágenes que han sido negadas por un sistema económico que dicta la norma en términos de discurso, un sistema con un mercado enfocado en creaciones lúdicas y alejadas de nuestra realidad sociopolítica.

“En este sentido, pienso que mi aporte más grande, es mi manera de abordar los temas. Aunque mis obras retratan o problematizan situaciones o escenas sumamente trágicas, son esperanzadoras. Los elementos simbólicos que utilizo para construirlas encierran un contenido catastrófico nefasto, que contrapongo con una ejecución que persigue la belleza y la esteticidad extremas.”

El momento más significativo para su carrera fue su mudanza hacia Costa Rica; ya que se enfrentó a un medio completamente diferente al medio artístico de su país, el “tico” es un medio cerrado, endogámico, el cual posee una sociedad con costumbres completamente distintas a las salvadoreñas. Su mindset cambió al tener que abrirse paso en una estructura donde no era conocida, por lo que tuvo que abrirse camino comenzando desde abajo. Esta presión la obligó a desarrollar una disciplina de trabajo sumamente estricta para poder tener un buen grado de producción. Luego, con el tiempo, fueron presentándose distintas oportunidades para mostrar su trabajo gracias a su constancia. 

“es el país donde mi trabajo más oscuro ha tenido la mejor acogida”

Después de tres años viviendo en Costa Rica, había accedido a espacios independientes, centros culturales, museos y galerías. En el 2017, fue invitada a participar en la Feria del Millón en Barranquilla, Colombia y esa fue una de las experiencias que, junto al cambio de país, más le cambió la vida: pudo involucrarse directamente en el proceso de creación, difusión, promoción, distribución y venta de su trabajo. Y luego de la Feria, entendió que podía hacerlo todo.

 

Su última exposición tuvo lugar en Guatemala, en el antiguo Edificio de Correos (el Centro Cultural Municipal Álvaro Arzú). Consistió en una exposición colectiva de mujeres artistas centroamericanas, un proyecto curado por la guatemalteca Maya Juracán (¡síganla ya en Instagram!) y por la reconocida artista guatemalteca Marilyn Boror Bor.  La exposición se llamó Las que habitan su territorio. Su obra en específico es una instalación que se titula Bandera Negra.  Partiendo de la premisa que en la región Centroamericana existen distintos tipos de armas de gran calibre como producto de la revoluciones y conflictos armados que tuvieron lugar en la región, como es el caso de la revolución sandinista o la guerra civil en el Salvador. 

 

A la artista le interesa particularmente atraer al público por medio de la manufactura, el contenido estético o el tecnicismo de su obra y provocar, por medio de un golpe, o por medio de la sorpresa, un cuestionamiento entre su público.  “Busco inducirles a un proceso de pensamiento en el que intenten reconstruir la información presente en mi trabajo que es información incompleta.

 

Mi forma de atraer a mi público busca desatar una especie de morbo, una curiosidad por entender de qué se trata el objeto artístico (bello o peculiar) que tienen frente a ellos y luego de eso, espero que al descubrir por ellos mismos el código oculto que tienen enfrente, se desate un proceso de pensamiento que espero termine en cuestionamientos en torno a la realidad problematizada en mi obra.”

 

Siendo su preocupación principal la construcción de imágenes, especialmente aquellas que configuran nuestro imaginario a partir de la tragedia como eje, ha logrado construir en cierta medida, una especie de lenguaje universal que es fácil de leer, comprender o de contextualizar en distintos países de Latinoamérica. Su obra, al no tratar sobre temas locales específicos, sino sobre la condición humana y sobre cómo procesamos la información provista por los medios y por la Historia del Arte, ha logrado llegar a públicos bastante amplios o diversos y conectar con ellos a pesar de su nacionalidad.  Se podría decir que en el caso de Colombia su trabajo fue recibido increíblemente bien por el público, creo que por una cuestión de afinidad histórico-conceptual. El pasado cercano de este país a raíz de la guerra contra el narcotráfico nos permite ponernos en paralelo… “es el país donde mi trabajo más oscuro ha tenido la mejor acogida”

 

En el caso de su obra bidimensional, las imágenes son fragmentadas para que el público pueda organizarlas por sí mismo.  Cuando les has facilitado esas condiciones, organizan o complementan - un principio de la Gestalt-  la información en un proceso intelectual muy interesante: pueden cuestionarse cosas que no se cuestionan en la cotidianidad debido a que la información, en su estado mediático, ha sido digerida, masticada o procesada previamente por las estructuras de poder.

"Mi forma de atraer a mi público busca desatar una especie de morbo, una curiosidad por entender de qué se trata el objeto artístico que tienen frente a ellos y luego de eso, espero que al descubrir por ellos mismos el código oculto que tienen enfrente, se desate un proceso de pensamiento que espero termine en cuestionamientos en torno a la realidad problematizada en mi obra.”

“Intento inducir a mi público a realizar un proceso mental completamente opuesto a este: quiero que piensen y se pregunten cosas que no pensaban o se preguntaban antes de ver mi trabajo.”

Su trabajo ha evolucionado en términos de complejidad en cuanto a la imagen. Sus temas de interés han sido casi los mismos y tienen relación con la perversidad de los medios de comunicación como producto de la masificación de la información. Hoy en día hablamos de pos-fotografía, de pos-pintura o pos-pintura inclusive, por lo que los intereses de investigación de Albertine se volcaron hacia ese ámbito. Construye imágenes tan complejas que podrían ser rompecabezas,  no poseen un solo ángulo, o una línea cronológica convencional:  el público puede manipular y elegir la disposición del ángulo de la obra que ellos deseen, en ocasiones construye, polípticos de secuencias trágicas cuyo orden puede ser decidido por el público o por el espacio de exhibición a donde están destinados, sin que con ello alteren en lo más mínimo, la narrativa de la obra en general.

 

Ya conocemos más de Albertine la artista, ahora Albertine la persona, es del tipo de artista que considera que la vida y el arte van de la mano. Vive una obsesiva vida de artista. No tiene planes de formar una familia en el futuro porque como mujer se ha enfrentado a un medio sumamente hostil, agresivo y competitivo conformado en su mayoría por hombres, “estamos a años luz de tener equidad de género en las prácticas artísticas”, por lo que la artista cree que si se convirtiera en mamá, su esfuerzo y sacrificio en el ámbito profesional sería el doble o el triple de las fuerzas que ya se encuentra haciendo en este momento para abrirse paso como artista en un medio de hombres. 

 

 “No quisiera verme forzada a sacrificar mi carrera, a la que le he dedicado tantos años de vida, tantos sacrificios, para formar una familia que no sabemos si va o no va a ser funcional. Trabajo alrededor de dieciocho horas al día para poder sacar adelante mi producción, así que definitivamente no veo en el horizonte cercano formar una familia”. 

 

La artista nos comenta que su motto es: Lo único importante es el trabajo.  Para ella esa frase es su mandamiento elemental.  “Sólo el trabajo abre puertas, el trabajo es tu voz que te acerca a la gente a la que te quieres acercar”.  En este mundo valés tanto como tus contactos, pero si no tienes el trabajo que respalde esos canales, esos puentes de comunicación no tienen ningún sentido.  El trabajo es la responsabilidad más grande de un artista, es su carta de presentación por excelencia.  “Un artista es artista porque produce arte y el arte se hace haciéndolo”. 

 

Finalmente, la artista, nos comenta que a su opinión un profesional responsable, debe tener algún tipo de formación sociopolítico-económica para comprender el modelo económico que dicta nuestro rumbo, especialmente, si son artistas que provienen de contextos económicos violentos, pobres y difíciles. Para ella comprender principios de economía es esencial porque es la esfera social que norma, de alguna manera, todo el resto de las relaciones que se establecen con figuras- curatoriales por ejemplo- provenientes de los centros económicos del mundo; “entender que nuestros países son satélites de otros discursos y entender nuestra ubicación geopolítica es clave si querés ser artista, si no, estás perdido”.  

 

A su parecer, es sumamente importante que los artistas se formen en términos del mercado del arte, de la historia del arte, de filosofía del arte, de mercadeo- este último es sumamente importante porque ahora con la presencia de las redes sociales prácticamente puedés ser tu galería y tu propio promotor, tu manager. Un artista de la contemporaneidad tiene la responsabilidad de empaparse de estos temas para que su trabajo sea consecuente con su realidad.