Oct 17, 2017

F*ck you, comfort zone...

By Ian André Granai

“You have been disappointed, you have undergone defeat during the depression, you have felt the great heart within you crushed until it bled. Take courage, for these experiences have tempered the spiritual metal of which you are made… They are assets of incomparable value.

 

Remember, too, that all who succeed in life get off to a bad start, and pass through many heartbreaking struggles before they “arrive”. The turning point in the lives of those who succeed, usually comes at the moment of some crisis, through which they are introduced to their “other selves”. – Napoleon Hill

 

No puedo decirles que estoy en un punto de mi vida en donde me encuentro totalmente satisfecho conmigo mismo, todavía hay mucho espacio para crecer y mejorar y bastantes cosas que quiero cambiar; lo que sí puedo asegurarles, es que estoy plenamente orgulloso de mí por haber empezado hace más de un año a trabajar por todas las cosas que quiero lograr en mi vida. Y sentirse orgulloso de uno mismo, vale oro. Si no hubiese encontrado el valor para ver las cosas desde un punto de vista diferente, jamás me habría atrevido a hacer las cosas de manera distinta a la que todos estamos acostumbrados. No estoy diciendo que hacer ciertas cosas estén bien o mal, lo que opino que sí está mal es dejar de lado lo que hace feliz al alma, no buscar hacer lo que más nos llene con tal de complacer a otras personas, sean nuestros papás, amigos, o incluso nuestra pareja. 

 

Les voy a ser sincero, esta historia podrá sonar muy bonita o inspiradora o como quieran llamarla, pero la verdad es que no todo empezó tan bien como cualquiera esperaría. Todo empezó hace casi 6 años ya, para uno de mis cumpleaños, mi abuela me llamó para felicitarme y entre la plática que normalmente acompaña dicha llamada me preguntó “Cómo la estás pasando mijo?” A lo que yo le respondí “Aquí aburrido, trabajando” Y la respuesta que mi abuela me dio iba a cambiar la forma en la que iba a ver la vida para siempre, me dijo “Pues, ándate acostumbrando porque así es la vida”. No tienen idea del impacto que esa conversación de 30 segundos tuvo en mí. Desde ese día me dije que era imposible que “eso” fuera mi vida. Me rehusé a aceptar eso como mi realidad. Hay gente que es muy feliz en trabajos corporativos, y eso está bien, simplemente soy de espíritu muy libre y me mata lentamente estar sentado en un escritorio más de 8 horas 6 días a la semana, trabajando para cumplirle el sueño a alguien más. Yo no puedo. Así que empecé a buscar cómo cambiar la realidad. Pasé 5 años leyendo libros y aprendiendo a controlar lo único que realmente está completamente bajo mi poder: mi mente. 

 

Todo en este mundo está compuesto por energía, todo. Las energías fluyen, se atraen, se repelan, se transforman, pero nunca se destruyen. Y es por esto mismo que uno atrae todo lo que nos sucede. Uno atrae lo que CREE, y si uno cree ciegamente en que puede lograr las cosas que quiere, las cosas se empiezan a dar para que esto pase; y muy a menudo las oportunidades se disfrazan de desgracias. Se necesita de una mezcla entre optimismo y fe en uno mismo para creer ciegamente que lo que uno necesita que suceda para lograr nuestras metas, sucederá. Y fue una de estas oportunidades disfrazadas de desgracia que para mí fue un hito en mi vida. Me despidieron de mi trabajo como arquitecto supervisor de obra. Pasé de tener un trabajo del cual mis papás estaban orgullosos de que tuviera, en el que ganaba relativamente bien cada quincena; a no tener la más mínima idea de cuando iba a tener algo de dinero para ponerle gasolina a mi carro. Pero ahora que puedo ver hacia atrás, me doy cuenta que si eso no hubiera sucedido así, yo no estaría donde me encuentro hoy en día. Como les mencioné antes, todavía no estoy en donde quiero estar, pero puedo presumir de que cada día hago lo que realmente quiero hacer, trabajo con mis amigos y trabajo para mi. Para mis sueños, para mis metas. Soy el dueño de mi tiempo y es lo mejor que me ha pasado en la vida. 

 

El punto de contarles todo esto, es porque quiero compartirles lo importante que es esto de tener los huevos de ser felices. Estamos viviendo en una sociedad que se esfuerza tanto en decirte que  luches por tus sueños, siempre y cuando no desafíes las reglas de “lo normal”. Que rompamos las barreras que encontremos en la vida, pero que no cuestionemos las reglas, el “por qué” de las cosas. La sociedad nos invita a ser felices bajo los estándares pre-establecidos de lo “correcto”, a vivir felices entre lo que se pueda siempre y cuando no nos salgamos del área del comfort zone de aquellos quienes rigen nuestras vidas. Yo soy creyente de que la felicidad dentro del comfort zone no es más que una simple ilusión. Es comodidad, no felicidad. Es más simple, menos problemas. Es menos riesgos, más rutinas. Yo ahora sé que la felicidad se encuentra fuera del comfort zone, que hay que hacer las cosas que nadie más se atreve a hacer, para tener lo que nadie más puede tener. Como dijo algún genio dijo una vez, “locura es hacer la misma cosa, una y otra vez, esperando resultados diferentes.” El cambio al principio siempre va a ser shockeante, nunca va a ser fácil, pero es necesario para poder crecer, para poder avanzar.

 

Yo que ya lo he hecho, quiero invitarlos a que se salgan de su comfort zone, que realmente se quiten las máscaras y sean sinceros con ustedes mismos; tengan los huevos de preguntarse qué los hace felices, quién los hace felices y qué tienen que hacer para lograr todo lo que realmente quieren? Solamente tenemos una vida mis amigos, no la pasemos viviendo para alguien más. Les puedo asegurar que nada es más gratificante que ver como las cosas que alguna vez simplemente imaginabas, se vuelven realidad gracias a tu propio esfuerzo.

 

Les dejo un mensaje para que les cale:

“LA CLAVE DE LA INFELICIDAD ES VIVIR TRATANDO DE COMPLACER SIEMPRE A OTRAS PERSONAS.”

 

Hasta la próxima…

.I.