May 29, 2019

K'abel

Diego Jarquín

Phothographed by Rony Orozco

 

 by Lady D

La buena cocina es uno de los placeres que la humanidad ha atesorado por milenios, y es que es imposible subvalorar la importancia de hacer feliz al paladar, I mean, ¿quién, en su sano juicio, no quiere tener una fiesta de sabores en su boca día con día? La cocina, como la moda, es un placer exquisito que solo un grupo selecto podemos apreciar, #sorrynotsorry. La exclusividad y el lujo, siempre han sido y serán el tesoro más protegido por el tope de la pirámide, if you don’t know which pyramid I’m talking about, you may want to stop reading this article.

 

Quienes me conocen, saben que amo visitar los restaurantes más exclusivos, y en esta ocasión tuve en el honor de ser invitada a degustar un exquisito almuerzo con Diego Jarquín himself, owner and Head Chef from K’abel. Este lugar no solo es conocido por su espectacular comida, también por su arquitectura maravillosa y una terraza con las mejores vistas de toda la ciudad. Solo así, esta invitación ya era sinónimo de la tarde perfecta, imaginen lo que fue sentarme a comer junto con el chef más guapo de Guatemala, se me dificulta saber que se veía más rico la comida o…

 

Anyway, después de admirar el lugar, inició este festín. Como aperitivo, arrancamos con un espumante de Luigi Bosca, un brut hecho con método champenoise tradicional, para acompañarlo un carpaccio de langosta y una vinagreta cítrica que realza los sabores y los aromas. La langosta es un producto muy delicado, así que menos es más; entre menos lleve, mejores notas de sabor tendrá. Las notas cítricas de la vinagreta dan un toque muy fresco, finalmente acompañando el carpaccio unos chips de malanga hechos en casa.

 

No podía ser tan egoísta como para no compartir esta exquisita invitación con alguien, así que llevé a uno de mis mejores amigos conmigo, Blair. Desafortunadamente para él, es alérgico a los mariscos, pero por supuesto, nuestro knight in shining armor, Diego, le preparó un delicioso carpaccio de lomito, sellado con una vinagreta cítrica, con un toque de soya y reducción de balsámico con teriyaki, castañas de agua y cebollín.

 

Seguido de esto, recibimos un ceviche de camarón con calamar. El calamar salteado con ajo y vino blanco, esto incorporado al ceviche que contiene leche de tigre con cilantro, camote confitado, cebolla, cebolla frita. Por supuesto, en K’abel siempre hay una opción para los alérgicos como Blair, a quien le sirvieron un exquisito ceviche de hongos. Acompañando nuestros ceviches, un vino Cousino Macul, Doña Isidora, sauvignon gris, primo del sauvignon blanc. Éste, en lugar de notas herbáceas, tiene notas a frutas tropicales como maracuyá o toronja, con la misma acidez y notas frescas cítricas.

 

Continuando con este desfile de manjares, un bao, como saben es un panecillo asiático, esté relleno de un short rib, una costilla de res cocinada durante aproximadamente 6 horas, en técnica francesa; un estofado clásico francés, con la idea de un boeuf bourguignon, con una peculiaridad, este contiene chile guaque. Diego es famoso por incorporar sabores guatemaltecos a su cocina, el estofado es preparado con verduras, vino tinto, pasta de tomate y paste de chile guaque que le da el sabor chapín. Las verduras asadas, en lugar de selladas, para darle un toque de smokiness. Un plato fusión, (ideas, tendencias y sabores), que acompañamos de un vino Pulenta La Flor, bodega argentina del Valle de Uco, Argentina, malbec, joven, con muy poca barrica americana, solo para redondear los taninos. Vino fresco, frutal, acido. Morirían al probarlo pero ¡cuidado! es finger food, ya saben que muchas no dominan el arte de comer con las manos sin perder el glamour; honey, no es Campero.

 

Como main plate, un magret de pato con una salsa de sauco de Tecpán, una reducción de vino tinto con frutos rojos, acompañados de unas papitas rissole clásicas francesas con matequilla, espárragos a la parrilla, marinado con un salentein merlot, 12 meses de barrica en roble francés nuevo, proveniente del Valle de Uco, Argentina.

 

Para finalizar como postre, un cheesecake de chico zapote con caramelo de chile guaque, un plato con la proporción perfecta de dulce. El cierre perfecto para uno de los mejores almuerzos que he tenido la fortuna de probar, is not that common to taste this kind of food.

 

 Para todos los amantes de la buena comida, es un must probar las delicias de K’abel (the food not the chef, he is not on the menu so back off bitches), y si aman el vino tanto como yo, únanse al club de la Cofradía de los Vinos.

 

Mis pastelitos estelares, eso es todo por esta edición, mis mejores deseos...

 

Lady D