Oct 16, 2019

NYC Food Tour

Desde que tengo memoria, irme de viaje siempre ha significado que me voy a ir a comer todo lo que encuentre. Desde restaurantes elegantes hasta los food trucks que existen desde antes que los food trucks estuviesen de moda. Y conforme fui creciendo, la idea fue cambiando a “hay que estar fit y hacer dieta ANTES de irme, para poder ir a comer allá todo lo que quiero”, así que paso el tiempo necesario preparándome para irme de viaje, pero siempre, siempre llego a probar todo lo que cada país tenga para ofrecer en el área culinaria. Y, típico, cuando uno regresa, lo primero que hace es contar qué hizo y qué comió, así que esta vez, les voy a compartir el tour gastronómico por la Ciudad Que Nunca Duerme: New York City.

 

New York es de esas ciudades que desde la primera vez que vas, o la amás con locura, o la odiás con todo tu ser. Yo fui de esos que se enamoró perdidamente de esta ciudad; la cantidad de gente que ves, la arquitectura, el estilo de vida que la gente lleva, esa velocidad con la que pasan las cosas que te despierta una adrenalina que te lleva a querer volverte parte de este lugar. NYC es uno de esos pocos lugares en el mundo en el que nunca te aburrirías de vivir allí porque hay tantas cosas por hacer, y por ende, tantos lugares distintos para ir a comer. La experiencia de viajar a NYC no estaría completa si no le dejamos espacio en el itinerario para COMER. Y cuando me refiero a comer, quiero decir que realmente no importa la hora o el lugar donde estén, siempre, SIEMPRE hay algo para comer. Desayuno, brunch, lunch, afternoon snack, dinner and very-late night snack. Así que sin más que esperar, let´s get this started…

 

Este viaje inició con una parada técnica en Bethel, Connecticut, pero tuvimos la oportunidad de comer en un bar/restaurante llamado Note Kitchen, y el plato de entrada de Smoked Salmon Board estuvo tan espectacular, que no podía dejarlo fuera de este gastronomic tour. Cold smoked salmon, acompañado de un par de Deviled Eggs junto con hummus, pesto, aceitunas, pickled red onions y chips de toasted pita… Este plato fue nada más la entrée, ya que el plato principal fue el Lobster Melt. Un sándwich con Langosta especial de Maine, bacon jam, garlic herb aioli, pickled oniones, Tumbleweed cheddar y unas papas fritas. Solo de recordarme, se me vuelve a hacer agua la boca. 

 

Después de esta pequeña parada en Connecticut, finalmente logramos llegar a nuestro destino final: New York City. La primera noche tuvimos el gusto de ir a cenar a uno de los restaurantes más exquisitos que he tenido la dicha de visitar: Market Place. Este lugar es tan espectacular que se especializa en menús personalizados desde antes de que pongas un pie en el restaurante. “Private Dining” es el término que utilizan para describir esta experiencia ya que se especializan en platos por temporada, y utilizan ingredientes locales para customizar el menú de tu cena para que se adapte a los gustos y necesidades de cada comensal. Y en este caso en particular, los platos que elegimos para compartir en la mesa (porque todo sonaba tan bien, que fue la única solución para poder probar todo) fueron dos platos en especial: Grilled Scottish Salmon, acompañado de Coconut-Jasmine Rice, sautéed organic baby spinach, Miso glaze and mango salsa; y mi favorito personalmente: Allen Brothers filet mignon, acompañado de roasted garlic mashed potatoes and some grilled asparagus.

 

Y como ningún tour gastronómico puede estar completo sin bebidas, les quiero compartir algunas de mis favoritas de este viaje. Aparte de existir un sinfín de cocktails para todos los gustos habidos y por haber, yo soy un tipo al que le gusta tomar cerveza. Así que fuimos a uno de los mejores lugares para probar cuanta cerveza artesanal quisiera: Brewport. Este lugar posee alrededor de 60 tipos distintos de cerveza artesanal, por lo cual también podemos decir que hay cervezas para todos los gustos y tipos distintos de paladares. En lo personal, mis 3 favoritas fueron: Lil’ Juicy, una New England IPA con notas un tanto frutales, la Rosé the Riveter, que es una Rosé Hibiscus Ale bastante refrescante (que sí se asemeja al Rosé, obviously… duh) y la ganadora: The Blood Orange Blonde, que es el bestseller de la casa, y con razón. Esta refrescante cerveza tiene un galón de blood orange real juice por barril para darle ese aroma cítrico y refrescante que posee como aftertaste, sin duda una de las mejores cervezas que he probado en mi vida.

 

Realmente, esto es un 0.000005% de las opciones que existen en NYC para poder hacer que la experiencia gastronómica sea parte del viaje. Quiero decir que en el momento en el que regrese a New York, voy a regresar a estos lugares, pero la verdad es que hay tanto que hacer, tanto por explorar y tanto por comer, que solo no puedo esperar a ver qué más tiene esta ciudad para ofrecer. Nunca nos vas a dejar de sorprender, New York City.