Nov 22, 2019

A partner, not a savior

 by Daniel Beltran

Durante milenios, la sociedad ha alimentado esta idea machista, heteronormada en la cual el hombre es un héroe, es “EL” héroe en torno al cual la historia gira y quien rescatará a la damisela en peligro. Incluso ciertas culturas llegaron a ver las relaciones entre dos hombres como un estado de perfección, puesto que reflejaba la unión de dos seres “perfectos”.  Han pasado varios siglos y aun el hombre es vanagloriado, atribuyéndole el título de “salvador”.

 

En los últimos años, finalmente la equidad ha obtenido la importancia y protagonismo que tuvo que tener desde el principio de los tiempos. Más allá del género, color, etnia, orientación, religión, mas allá de cualquier etiqueta, somos humanos, y como tal, merecemos respeto, merecemos igualdad de  derechos, de oportunidades y de responsabilidades. Por supuesto, como cualquier otro movimiento en la historia que ha buscado romper con una conducta cotidiana  preestablecida,  la búsqueda de igualdad se ha topado con un enemigo muy grande: el machismo.

 

Pese al creciente desarrollo de la sociedad en los últimos años, el machismo aún sigue siendo el principal oponente de la igualdad. El macho tóxico aún no ha logrado evolucionar y es así como en pleno siglo XXI muchos hombres  aún creen que merecen un sueldo mayor, o tienen esta bizarra idea que la limpieza del hogar le corresponde a una mujer, and God forbid if they have to change a diaper. Lo peor es que creen que son la base de la sociedad y que fueron puestos en este mundo para rescatar a las indefensas mujeres que no pueden valerse por ellas mismas.

 

Los cuentos de hadas con caballeros que matan dragones y escalan torres para rescatar a la princesa, ya no existen. La narrativa actual nos muestra mujeres fuertes, capaces de salvarse a ellas mismas, que en ocasiones se topan con buenmozos caballeros en el camino, los cuales pueden convertirse, si así lo decide ella, en su compañero. Este pensamiento es clave en el desarrollo de nuestra historia actual. Ningún individuo necesita un salvador, todos tenemos la capacidad de luchar por nuestros sueños y conseguirlos por cuenta propia, la capacidad de enfrentar adversidades y ganarles la batalla, sin embargo, el peso de esa lucha se puede aminorar cuando es compartida.

A partner, not a savior. Las relaciones humanas de cualquier tipo, deben basarse en la igualdad de condiciones, nadie nació para salvar a nadie, y nadie necesita ser salvado, pero un support system puede alivianar la carga y puede ser el motor para evolucionar en la dirección correcta. El camino es muy largo y compartirlo con alguien puede hacer que este camino sea más ameno. Aclaro, no me refiero solo a relaciones de carácter romántico, me refiero a cualquier tipo de relación interpersonal.

 

La masculinidad tóxica, tristemente, es un común denominador en Latinoamérica, y la única manera de erradicarla es rompiendo patrones. Estamos atravesando un momento crucial de la historia, y es ahora cuando es importante alzar la voz, hacerse notar, reclamar los derechos con los que cada individuo nace y perder el miedo. Lo cotidiano o “lo normal” dejó de ser la norma, es un secreto a voces, que este parámetro de normalidad no es más que una farsa inventada hace siglos, la individualidad es el nuevo “normal”.

 

Guys, no importa lo que les digan, no tienen que ser un “macho alfa” para validar su masculinidad; pueden llorar, se vale que no les guste ir al gimnasio o practicar algún deporte, pueden cuidar su piel y su cuerpo, pueden mostrar que tienen buen gusto, pueden tenerle miedo a los arácnidos, o a los roedores o a los reptiles, pueden pedir ayuda, pueden coser, pueden bailar, pueden cocinar, pueden  ser enfermeros, pueden ser niñeros, , pueden ser lo que quieran ser, pueden llorar con Nicolas Sparks, y pueden gritar viendo una película de terror, puede que les gusten los hombres o las mujeres trans o incluso, no ser un hombre cisgénero y nada de esto los hará menos hombres.

 

Girls, no importa lo que les digan, no tienen que ser un ama de casa robótica de los 50s para validar su feminidad. Pueden jugar fútbol, pueden practicar artes marciales y vencer a todos los hombres en su dojo, pueden odiar la cocina, pueden decidir no tener hijos, pueden decidir no casarse, pueden vivir su sexualidad, pueden amar las películas de acción, las luchas y los deportes extremos, pueden ser mecánicas, pueden  trabajar en construcción, pueden manejar mejor que cualquier hombre, pueden enamorarse de hombres, mujeres o de la persona como ser humano y no por su sexo biológico o ser una mujer transgénero y NADA de esto las hará menos mujeres.

 

Los estereotipos y las etiquetas no son más que palabras, no te definen. La búsqueda de un héroe salvador o de una doncella por salvar, es solo eso: una etiqueta. Tanto los hombres como las mujeres tienen la capacidad de ser héroes y pueden estar en una posición en la que necesiten ayuda, esto no lo define ningún género o etiqueta. Todos somos diferentes, pero todos merecemos las mimas oportunidades. No permitan, nunca, que nadie les haga creer lo contrario.