Oct 18, 2019

The Routine is NOT 

the enemy of Time

by Coyotío Malvado

He pensado lo bueno que puede ser estar en un lugar completamente aislado de lo que hoy conocemos como “sociedad”; el bullicio del día a día, la rutina, la falta de sueño, las fiestas, las reuniones… pero realmente ¿Qué es estar aislado? ¿Qué es salir de la rutina?

 

Tras estos meses lejos de casa, he podido realizar dos únicas cosas que realmente extraño de la vida en lo que conozco como “hogar”; una de ellas es la familiaridad de las personas a las que nos vemos forzados a ver día a día, como el portero del edificio, la señora de las verduras que como reloj está frente a casa cada jueves y sábado, la vecina con su perrito mimado y las bocinas desesperadas de las 6am del puente de San Cristóbal. La familiaridad con la que día a día, sin sentir la rutina, me veo sometida a una sutil forma de la misma. 

 

La segunda es la facilidad con que podemos descartar un mal día con la seguridad que esta familiaridad nos trae, ese lugar que nos hace sentir cómodos, que podemos visitar una y otra vez sin sentirnos opacados. Esa esquina del apartamento donde siempre pega el sol, la heladería a dos cuadras de casa que abre hasta las 10pm, ese bar donde religiosamente encontraré a todas mis amistades, la terraza donde puedo ver todos los volcanes que me rodean al atardecer. 

 

Jedidiah, de The Thousand Year Journey explica como “the routine is the enemy of time, it makes it fly by” y quiero aferrarme con todo lo que puedo a esa idea, pero la simple verdad es que hay belleza en ciertas rutinas. Saludar a mi madre dos veces al día, cuando la veo partir y cuando vuelve derrotada por el cansancio a prepararse un café, ver sus novelas coreanas favoritas (le gustan las canciones aunque no entienda absolutamente nada más) y verla dormir en el sofá. 

 

El lugar completamente aislado que buscamos existe en nuestras cabezas, en encontrar estos espacios y momentos que harán que la rutina no parezca rutina, salir de la rutina puede verse como cualquier cosa. Envejecer, casarse o no, tener un empleo, crear tu propio empleo, ser autodidacta, ser auto suficiente… estos son miedos que nos llevan a grandes cosas y permitir que la rutina sea el enemigo es como dejar de caminar porque te duelen los pies. Cada paso en nuestros días necesita un respiro, pero nunca dejar de andar.